Balada de la imperturbabilidad

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Por Ioshio Hernández
Ilustración: Daniela González

Ya me drogué mucho... (sonrisa discreta)
¡No vuelvas!
Quédate allá y vuelve a contar las cosas que te hicieron sentir por algún momento...

No sé, lejos, quizá sea la palabra —LEJOS; vaya palabra—. No tengo buena memoria, lo admito (sonrisa real), pero estoy peor que si estuviera mal de recordarlo —como si todo sucediera dentro de un storytelling para aprender a decepcionar otra vez, otra vez, otra vez.
Y no tengo buena memoria, te lo puedo asegurar, pero la realidad se queda, partícula a partícula, impregnada en mi cabeza y de pronto se revela nuevamente como un proceso fotográfico en la mente una vez más, una vez más, una vez más.
Asegúrame que a veces no te das cuenta del descenso, pero de repente ya andas muy por debajo de la línea… hablo exageradamente, pero a la vez siendo sincero sobre lo que uno mismo decide —nadie diría que por dentro estoy compuesto de algo complejo y bello que flota sobre una esencia incolora, insonora (sonrisa quieta y fresca), insípida como una vida sin muerte, pero vital como una muerte de algo, a fin de cuentas.
Ahora, insistiendo en los atardeceres lluviosos sobre una terraza mientras encuentras las escenas más estimulantes de la soledad en tu cabeza y se proyectan hacia las nubes hasta el anochecer. Cuando cada gota que se estrella sobre tu cara proyecta del Storytelling de cómo aprender a decepcionar con todas tus fuerzas (sonrisa fatal).
¿De verdad vale la pena prepararse para eso? El corazón más crápula diciendo que la humanidad siempre va a llorar por el desastre y por la alegría con el mismo grado de sensibilidad. Como siempre sintiendo lo que las emociones desbordan. Sintiendo el único estado ingobernable. No necesitas saber más de lo que te digo. Pero yo si alguna vez lo escuché de los que están arriba de la línea.
Que sepas que los pasos que sigas son para crear un mundo mejor. Que sepas que estás en el mundo por un propósito R-E-A-L y no por lo que siempre juegas.
—Lo que tú necesitas es aceptar una situación (sonrisa real) en la que sepas que tu felicidad tiene un rostro, cuando tu rostro también está feliz por alguien más. Que la felicidad sea compartida (Sonrisa Admirable), que mi felicidad se quede en algún rostro además del mío.
Quédate así y vuelve a contar las cosas que te hicieron sentir… LEJOS, vaya palabra. No sé, lejos, quizá sea una buena palabra.
¿De verdad crees que vale la pena estudiar más el caso para esto?
Eso qué más da. Recuerdo que el mundo me dijo un día: quédate lejos y solo habla de lo que te contaron. Pero TÚ nunca vuelvas. Nunca escuches acerca de la vida arriba de la línea (sonrisa del Karma).
Se puede vivir de estar muriendo, pero sin la muerte de las emociones y las ideas puede llegar la imperturbabilidad. Vive aunque sea de estar muerto y no juegues nunca con la muerte de la esencia. Y es cierto, lo recordé cuando ella dijo:
¡No vuelvas!
Ya déjate de cosas, tu lo que quieres es leer la biblia, hacer tu confirmación ante los ojos de dios. Tener una familia para ir a misa los domingos. Un crédito Infonavit, una pantalla de 90” a pagos.. pero te da miedo lo que implica: ENAMORARSE

—¿Y tú crees que no lo sé? —le respondí.

Pero ella no se dio cuenta de que regresar, después de pasar por debajo de esta línea, no era una cuestión de opción a final de cuentas. (Sonrisa prometida… protégeme ahora que lo acabo de pensar)
Ya no había formas.
Y la imperturbabilidad de la situación, era testigo.
(No hay sonrisa)


Imperturbabilidad. Daniela González
Imperturbabilidad. Daniela González


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