Relatos de viento y olas

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Por Nayely M. Pinzón
Fotografía: Lorenzo Ávila / Iliana Díaz


Sin título. Lorenzo Ávila
Sin título. Lorenzo Ávila

Érase una vez un soplo de viento en la vela de un barco, y no es como que un soplo de viento pueda protagonizar una historia, pero el punto es que estaba ahí, y las velas se hincharon para el movimiento del barco.

Fue entonces cuando el último rayo de sol se ahogó en el horizonte, y arriba en el barco, los ojos de los tripulantes esperaron ansiosos la llegada de las estrellas, el luminoso mapa que los guiaría hacia una de las más fantásticas e increíbles aventuras en la historia de los mares.

Desde hacía tiempo que buscaban el mar de cristal, y aunque el nombre suena atrayente, en realidad es una farsa, porque nadie en su sano juicio buscaría el mar de cristal, uno de los sitios del que salían las más fatídicas historias de aquel mundo de nombre olvidado.

La cuestión es, no obstante, que aquella tripulación no estaba del todo cuerda, y aquellos que habían emprendido la travesía eran sin lugar a duda hombres de mar, intrépidos, cuyos primeros pasos habían sido hacia las olas y cuyos ojos desde siempre recordaban el oleaje salvaje de altamar.

¿Qué quién era el capitán? Bueno, en realidad eso corresponde a otra historia más larga, pero solo diré que era de esos personajes legendarios cuya historia es contada por los propios mares y que en algún tiempo llegó a decirse que era un mago de mar, aunque en sí él mismo no tenía nada de magia. Solo un temple de hierro y muchas ganas de tentar a su suerte, porque le gustaba aventurarse a donde la muerte aguardaba y navegar en donde ningún mortal había navegado antes.

No fue hasta el décimo día de viaje cuando las aguas se volvieron turbias y un velo de bruma se alzó de manera perpetua alrededor del barco, y cuando el soplo de viento fue el protagonista del comienzo de la aventura. Desde luego, aquellas alocadas cabezas recibieron esa suerte con gusto y se escucharon canciones en alta mar, como era costumbre entre los marinos, y durante los días siguientes las estrellas fueron el mapa más hermoso de todos.

Sin embargo, aquella paz extraña entre la bruma no podía ser para siempre y finalmente comenzaron a ser arrastrados por una corriente de mal auspicio, el viento sopló en contra y durante días no volvieron a ver la luz de sol, tan solo la de la luna, y de vez en cuando un brillo vaporoso entre las nubes.

—No se ve muy de cristal —comentó uno de los tripulantes, quien recargado en la barandilla del barco miraba con aire burlón hacia las negras olas.
—Nadie ha llegado nunca ahí, igual y es una leyenda —respondió el timonel, pero con aire de quien no le toma mucha importancia. Después de todo, para aquellos marinos lo importante no era a dónde ir, sino navegar en los sitios más escabrosos posibles.
—Es real —dijo el capitán, al otro extremo de la cubierta. Sus ojos miraban extraviados el océano y como siempre, parecía impasible.
—¿Cómo vamos a saberlo? —preguntó el timonel.

El capitán esbozó una sonrisa enigmática y no les respondió en aquel momento porque estaba distraído en las olas y en los recuerdos arrastrados por el mar. De igual manera, los marinos quizá sabían la respuesta porque habían escuchado fragmentos de una historia contada por el océano, y aunque ellos no tenían bien desarrollada su habilidad para entender el mar, el capitán entendía todo.

Sí, quizá él conocía mejor que nadie las voces del océano, las historias susurradas por el mar, las cuales solo tienen la dicha de comprender aquellos que han pasado suficiente tiempo en sus aguas para poder percibir las palabras entretejidas entre viento y olas. Muchos marinos las escuchan y componen canciones de ellas, y el mar las lleva a la costa. De esta manera, las historias se mezclan unas con otras, creando mitos y leyendas, a tal punto que todas las historias tienen una porción de verdad y otra más de fantasía.

Aquella noche sin luna en la que solo lograron avistar un par de estrellas, los marinos piratas de nuevo entonaron sus canciones que solo escucharon los astros y fueron llevadas por el mar.

Uno de los fragmentos iba así:

La melodía de la noche
auguraba estrellas,
mas el cielo fue negro,
y las estrellas se extraviaron
en profunda oscuridad.

Calló una estrella fugaz,
pero jamás el arrojo,
y la pálida luna brilló un instante,
brilló y habló de sueños fantásticos
en un mar de cristal.

Allá vamos,
a la idílica morada del peligro,
al sitio del que solo hablan las leyendas,
los locos y los hombres de mar.

Si a la costa regresamos,
seremos testigos del lugar extraño,
del sitio inalcanzable en el corazón del mar.
mas si el barco no vuelve,
y son nuestras voces ahogadas por las olas,
llegará nuestra historia hacia la costa,
y en la costa escucharán.

Lo que sucedió después es confuso hasta para el propio océano y no podríamos decir con certeza lo que pasó, porque la historia si bien no quedó sepultada en las profundidades del mar, las corrientes oceánicas van a lugares variados y es raro cuando una historia puede llegar entera hasta un sitio en particular. Por eso los marinos tienen el cuidado de pasarlas de boca en boca, y unos pocos se toman la enorme libertad de escribirlas, de manera que los fragmentos puedan unirse algún día y podamos tener las historias completas. ¿Que qué pasó con el barco? Si somos optimistas podemos pensar que vieron lo que otros mortales jamás llegaron a ver, pero cual sea el caso, solo el océano podrá contarnos la verdad. Yo solo recogí este fragmento de entre las olas.


Título desconocido. Iliana Díaz
Título desconocido. Iliana Díaz


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