Y duele

Gaceta: 

Categoría: 

Por Amiie Aguirre
Ilustración: Adriana Mijangos


Título desconocido. Adriana Mijangos
TTítulo desconocido. Adriana Mijangos

Y duele… Ya lo sabré yo.

Han pasado noches enteras desde la última vez que mis lágrimas tocaron la almohada, noches de todo tipo desde que le pedí a la oscuridad abrazarme siendo la única compañía; noches, noches enteras desde que caminé en el silencio de las calles en plena madrugada. Noches, días, horas e infinitas preguntas sin respuesta. Y duele, o mejor dicho, dolió.

Dolió como el último suspiro que se arroja al viento después de horas llorando, como el abrazo que no logró opacar el frío invierno instalado en el pecho, como las palabras de aliento que nunca calmaron la agonía de un corazón destrozado, como el insomnio permanente pegado en los ojos, como todas esas palabras que un día no valieron nada, como ese “Te amo” quebrado que hoy le dices a alguien más. Como todo lo que dijiste ser y nunca serás.

Llegaste, y así como llegaste, te fuiste. Llegaste y besaste mis labios, y desnudaste mi alma. Ya te esperaba. Y sí, fui feliz. Y sí… ya no estás aquí.

¿Qué si dolió tu partida? Sí, pero dolió más el cuento de hadas que me contaste y me hiciste ver como verdad, descubrir que el tesoro perdido ya había sido encontrado tantas veces. Fue doloroso saber que el diamante en mis manos solo era carbón bañado en fantasía, fue aún más doloroso saber que cambiaste la luna… que cambiaste el universo por un poco de alegría alcohólica pasajera, fue... Mejor no digo que fue.

Y en tiempo pasado pongo tu recuerdo y así dejo en claro que ni el dolor más grande dura para siempre, que las lágrimas lloradas no se recuperan, pero que son necesarias para limpiar el corazón de basura; que incluso las noches en vela dejan una lección valiosa, que el tiempo sí llega, aunque llegue lento y mirando cada huella dejada en el camino, que las heridas sanan y que todo un día está bien. Que todo, todo, un día simplemente está bien.

Y es que un día te levantas después de ríos de dolor y te das cuenta de que la tormenta ha pasado, un día despiertas con el cuerpo ligero y tus ojos cansados están listos para ver el sol brillar. Recuerdas aquellos días, pero ahora solo toca sonreír y estar en paz.

No te reprocho nada. Al contrario, gracias. Me demostraste que soy capaz de amar intensamente, que merezco tanto como desee y que nunca más debo permitir aceptar un amor a medias.

Nunca más.


Tags: