Cianuro final

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Por Roberto José Salgado González
Ilustración: Kenia Iliana Zárate


Beso estrellado. Kenia Iliana Zárate
Beso estrellado. Kenia Iliana Zárate

Le he pedido al silencio mil veces que tu nombre deje de gritar...

Solo de esta manera puedo escuchar a las estrellas cantar, y el viento se burla de mí anunciando tu inexistente llegada.

Lo único que deseo es que ella pase otra vez por delante de mi ventana; he cogido una silla para sentarme frente a ésta, el aroma en el aire anuncia su nula proximidad. Desde aquel martes en que el destino mundano decidió apartarte de mi lado, no hago otra cosa que no sea esperar tu regreso.

Está dentro de mi entendimiento que ha sido mi culpa que ya no estés más aquí conmigo, me resigné al camino que autoritariamente nos fue trazado; lo tomé a manera de un burdo pretexto para evitar hacer contacto con vos.

Y ahora que ya no estás, me arrepiento de haber dejado escapar tanto tiempo; fueron tantas las noches que contigo soñé, que comencé a ver imposible que un día me abandonaras, estaba tan seguro de que siempre estarías aquí para mí, que no quise ver la oscura verdad que frente a mis ojos se desenvolvía, a mí lado no te quedarías. De nada sirve que siga dedicándote canciones si éstas no pueden llegar a tus oídos, de nada sirve llegar a casa si no puedo encontrarte sentada sobre el sofá que recibía todas tus ilusiones, esas que yo me esmeré en lacerar. Me lastima el sentarme a esperar tu regreso, sabiendo que nada puedo hacer para volverte a tener.

Podría vivir sin aire, pero veo difícil mi supervivencia si tu aroma dejó de inundar el tiempo que controla mi transitar.

Los últimos días que alimentaste mi hambre de ti, pude congelar algunos momentos; el brillo de tus heridos ojos me anunciaba que esos instantes juntos serían los únicos que quedarían registrados en mi memoria, te has llevado mis sueños y recuerdos dentro del vestido que te adornaba la tarde en la cual de mis manos te solté, mientras descansabas a tus anchas en la cápsula que te llevaría a tu próximo destino. Me atreví a lanzarte el beso de despedida, un adiós que pondría final a nuestra historia pasional, te embarcaste en un viaje sin regreso, un viaje de solo un boleto, una travesía por los confines del universo a la que no fui invitado.

Aún sigo odiando el zumo de naranja, pero fue lo único que pude encontrar dentro de la nevera, deleito mis papilas gustativas con grandes sorbos de la acética sustancia que me he preparado. Ahora puedo entender tu desmedida afición a esta bebida, su ácido sabor oculta por completo el del cianuro que he mezclado dentro del vaso, tú me has negado la oportunidad de viajar a la tierra del sueño profundo. ¡Te aseguro que hoy no podrás librarte de mí!

Es cierto que he salido de la estación un poco tarde, pero me consuela saber que te podré alcanzar en las paradisíacas playas doradas de la muerte, ya no habrá nada ni nadie que se interponga entre nuestros corazones.

El cianuro es mi boleto amor, uno que me permitirá estar junto a ti.

Mientras que mi cuerpo se sacude con espasmódicos movimientos, una luz silenciosa devora mi lucidez, estoy a un palmo de desfallecer, pero no me interesa, estoy seguro que del otro lado de esta luz estarás esperándome con los brazos abiertos. ¡No encuentro como explicarte que no pude resistir la idea de ver a mi gran amor lejos de mí! ¡Me muero por ver la expresión de tu rostro cuando me veas correr hacia ti!

Mi entrecortado respirar, mis ojos que comienzan a perder brillo y mis entrañas que siento arder, me comunican que he logrado mi cometido; la luz que amenazaba con devorar mi ser se ha desvanecido y detrás de ella ha llegado la grata oscuridad. ¡Espérame amor, ya casi llego!

Ahora es la oscuridad la que se ha desvanecido. La luz se hace presente, solo para iluminar una delicada mano que se extiende hacia mi pecho, me invita a subir para disfrutar de la estancia en mi nuevo hogar. La sorpresa me acojona, eres tú la que me invita a ser partícipe del paraíso, me arrojo a tus brazos abiertos. Entre sollozos intento explicarte cómo la cobardía me ha obligado a salir a buscarte, pero a ti eso no te interesa. Me pides callar y te conformas con saber que ahora podremos disfrutar de todos esos momentos que la desventura nos arrebató.

Tomados de las manos, nos aventuramos hacia las místicas tierras del olvido. Te aseguro que de nuestra estancia en casa no quedará huella alguna, ahora este lugar es mi hogar, podría llamar "hogar" a cualquier lugar... siempre y cuando estés tú en él.

Ya nada nos hará falta, bajo la luz del abrigo, dentro de las sombras, podremos disfrutar de nuestra entrega; en las tierras sin tiempo nos harán falta horas para poder demostrarnos con entereza lo que nuestros cuerpos profesan, ya no quiero perder ni un solo instante a tu lado. Te aseguro que mi viaje hasta este lugar no será en vano, nos derretiremos hasta que no quede rastro de nuestras miradas, ya nada nos hará falta estando los dos unidos.

Te lo aseguro, volvería a quitarnos la vida para cumplir esta promesa.


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